Concertista, profesora y directora de festival: por qué no elijo solo una faceta

Sep 28, 2026 | Blog

Laura, fundadora y directora del Festival Internacional de Guitarra de Madrid, durante la VIII edición del festival

Durante años escuché (y a veces me dije a mí misma) que para hacer algo bien había que especializarse. Que si quería ser concertista de verdad, tenía que dejar la enseñanza. Que si quería fundar y dirigir un festival o una escuela, tenía que aparcar el escenario. Que no se podía estar en todos los sitios.

Hoy sé que esa idea es falsa.
Y no solo falsa: es limitadora.

Soy concertista, profesora, fundadora y directora del Festival Internacional de Guitarra de Madrid, y de la International Music School.
Estas facetas mías no se restan. Se suman. Se complementan. Se sostienen unas a otras de formas que solo he ido entendiendo con el tiempo.

Cuando toco, llevo una parte al escenario de todo lo que he aprendido escuchando a mis alumnos, y todo lo que he observado al programar y acompañar a otros artistas.
Cuando creo y dirijo la International Music School, lo hago desde la experiencia real de quien sigue subiendo al escenario y de quien conoce la responsabilidad de sacar adelante un proyecto cultural y precisamente, son esas las carencias que en la enseñanza musical veo desde el punto de vista como profesora.

Cuando dirijo el Festival Internacional de Guitarra de Madrid, del que soy fundadora, decido con la sensibilidad de quien conoce el otro lado: el del intérprete que necesita condiciones dignas, el del público que merece propuestas honestas y el de los jóvenes que buscan un espacio donde crecer. Veo las necesidades que tenemos los músicos y en concreto la guitarra clásica, y es por eso que creé este festival naciéndome desde lo más profundo, al echar de menos este instrumento en las principales salas.

Ninguna de estas partes me sobra.
Ninguna es un “añadido”. Son la misma persona mirando la música desde ángulos distintos.

El camino de hacerme hueco

Fundar y dirigir un festival, ser concertista, profesora, y al mismo tiempo crear y dirigir una escuela internacional, no fue un camino lineal ni especialmente fácil.
Menos aun siendo mujer en un ámbito donde, durante mucho tiempo, las direcciones artísticas, las instituciones educativas y la visibilidad pública han estado mayoritariamente ocupadas por hombres.

He tenido que aprender a ocupar espacio sin pedir permiso constante.
A sentarme en las mesas de decisión.
A defender una visión artística y pedagógica propia cuando alrededor había otras formas más establecidas o más ruidosas de hacer las cosas.
A construir el Festival Internacional de Guitarra de Madrid y la International Music School desde la convicción de que había lugar para propuestas diferentes: cercanas, exigentes, abiertas a la creación contemporánea, flexibles y con vocación de permanencia.

No ha sido solo una cuestión de trabajo. Ha sido también una cuestión de persistencia y de no aceptar el lugar que a veces se espera que ocupemos.
De insistir en que se puede ser intérprete activa y, al mismo tiempo, profesora, fundadora y gestora cultural con criterio.
De demostrar, con hechos más que con discursos, que una mujer puede fundar y dirigir un festival de guitarra y una institución educativa con rigor, con sensibilidad y con ambición artística.

Cómo se sostiene el equilibrio

El equilibrio no consiste en repartir las horas de forma perfecta ni en llegar a todo con la misma intensidad todos los días.
Consiste en entender que cada faceta alimenta a las demás y en permitir que se turnen el protagonismo según el momento.

Hay periodos en los que el escenario me reclama más presencia.
Otros en los que la escuela necesita más atención.
Y otros en los que el festival ocupa el centro.

Lo que he aprendido es a no sentir culpa cuando una de las partes queda temporalmente en segundo plano. Porque sé que ninguna desaparece: simplemente se reorganizan.
La experiencia de tocar enriquece la forma de programar y de enseñar.
La experiencia de enseñar y dirigir la escuela aporta claridad y generosidad al escenario.
La experiencia de fundar y dirigir el festival da una mirada más amplia y más realista a todo lo demás.

No es dispersión. Es amplitud.

A veces todavía me preguntan cómo puedo compatibilizarlo todo.
La respuesta es sencilla: no lo vivo como trabajos separados que compiten entre sí. Lo vivo como una sola trayectoria con varias expresiones que se necesitan mutuamente.

Ser solo concertista me habría dejado sin la mirada amplia que da programar, enseñar y construir proyectos.
Ser solo gestora o solo profesora me habría alejado del riesgo y de la vulnerabilidad del escenario.
Cada faceta necesita a las demás para no quedarse incompleta.

Este camino no ha sido el más cómodo. Pero ha sido el mío.
Y cada vez estoy más convencida de que no hace falta elegir solo una cosa para ser tomada en serio.
A veces, precisamente, la seriedad está en atreverse a sostener más de una.

Durante años escuché (y a veces me dije a mí misma) que para hacer algo bien había que especializarse. Que si quería ser concertista de verdad, tenía que dejar la enseñanza. Que si quería fundar y dirigir un festival o una escuela, tenía que aparcar el escenario. Que no se podía estar en todos los sitios.

Hoy sé que esa idea es falsa.
Y no solo falsa: es limitadora.

Soy concertista, profesora, fundadora y directora del Festival Internacional de Guitarra de Madrid, y de la International Music School.
Estas facetas mías no se restan. Se suman. Se complementan. Se sostienen unas a otras de formas que solo he ido entendiendo con el tiempo.

Cuando toco, llevo una parte al escenario de todo lo que he aprendido escuchando a mis alumnos, y todo lo que he observado al programar y acompañar a otros artistas.
Cuando creo y dirijo la International Music School, lo hago desde la experiencia real de quien sigue subiendo al escenario y de quien conoce la responsabilidad de sacar adelante un proyecto cultural y precisamente, son esas las carencias que en la enseñanza musical veo desde el punto de vista como profesora.

Cuando dirijo el Festival Internacional de Guitarra de Madrid, del que soy fundadora, decido con la sensibilidad de quien conoce el otro lado: el del intérprete que necesita condiciones dignas, el del público que merece propuestas honestas y el de los jóvenes que buscan un espacio donde crecer. Veo las necesidades que tenemos los músicos y en concreto la guitarra clásica, y es por eso que creé este festival naciéndome desde lo más profundo, al echar de menos este instrumento en las principales salas.

Ninguna de estas partes me sobra.
Ninguna es un “añadido”. Son la misma persona mirando la música desde ángulos distintos.

El camino de hacerme hueco

Fundar y dirigir un festival, ser concertista, profesora, y al mismo tiempo crear y dirigir una escuela internacional, no fue un camino lineal ni especialmente fácil.
Menos aun siendo mujer en un ámbito donde, durante mucho tiempo, las direcciones artísticas, las instituciones educativas y la visibilidad pública han estado mayoritariamente ocupadas por hombres.

He tenido que aprender a ocupar espacio sin pedir permiso constante.
A sentarme en las mesas de decisión.
A defender una visión artística y pedagógica propia cuando alrededor había otras formas más establecidas o más ruidosas de hacer las cosas.
A construir el Festival Internacional de Guitarra de Madrid y la International Music School desde la convicción de que había lugar para propuestas diferentes: cercanas, exigentes, abiertas a la creación contemporánea, flexibles y con vocación de permanencia.

No ha sido solo una cuestión de trabajo. Ha sido también una cuestión de persistencia y de no aceptar el lugar que a veces se espera que ocupemos.
De insistir en que se puede ser intérprete activa y, al mismo tiempo, profesora, fundadora y gestora cultural con criterio.
De demostrar, con hechos más que con discursos, que una mujer puede fundar y dirigir un festival de guitarra y una institución educativa con rigor, con sensibilidad y con ambición artística.

Cómo se sostiene el equilibrio

El equilibrio no consiste en repartir las horas de forma perfecta ni en llegar a todo con la misma intensidad todos los días.
Consiste en entender que cada faceta alimenta a las demás y en permitir que se turnen el protagonismo según el momento.

Hay periodos en los que el escenario me reclama más presencia.
Otros en los que la escuela necesita más atención.
Y otros en los que el festival ocupa el centro.

Lo que he aprendido es a no sentir culpa cuando una de las partes queda temporalmente en segundo plano. Porque sé que ninguna desaparece: simplemente se reorganizan.
La experiencia de tocar enriquece la forma de programar y de enseñar.
La experiencia de enseñar y dirigir la escuela aporta claridad y generosidad al escenario.
La experiencia de fundar y dirigir el festival da una mirada más amplia y más realista a todo lo demás.

No es dispersión. Es amplitud.

A veces todavía me preguntan cómo puedo compatibilizarlo todo.
La respuesta es sencilla: no lo vivo como trabajos separados que compiten entre sí. Lo vivo como una sola trayectoria con varias expresiones que se necesitan mutuamente.

Ser solo concertista me habría dejado sin la mirada amplia que da programar, enseñar y construir proyectos.
Ser solo gestora o solo profesora me habría alejado del riesgo y de la vulnerabilidad del escenario.
Cada faceta necesita a las demás para no quedarse incompleta.

Este camino no ha sido el más cómodo. Pero ha sido el mío.
Y cada vez estoy más convencida de que no hace falta elegir solo una cosa para ser tomada en serio.
A veces, precisamente, la seriedad está en atreverse a sostener más de una.

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