Hay discos que se graban para demostrar un nivel técnico.
Otros se hacen para completar un currículum.
Y luego están aquellos que nacen porque, en un momento determinado de la vida, necesitas mirarte a ti misma a través de la música.
Fly with me pertenece a esta última categoría.
No es un recorrido cronológico ni un escaparate de virtuosismo. Es un autorretrato. Una forma de decir, sin palabras, quién soy ahora y por qué caminos he pasado para llegar hasta aquí. Cada obra funciona como una pieza de un espejo fragmentado: ninguna cuenta toda la historia, pero juntas revelan un paisaje emocional completo.
Por qué un autorretrato y no un programa de ¨repertorio¨
Cuando empecé a pensar en este disco, me di cuenta de que ya no me interesaba tanto demostrar lo que sé tocar. Me interesaba mucho más mostrar lo que me atraviesa.
Había grabado antes. Había estrenado obras. Había construido programas cuidadosamente equilibrados entre tradición y música actual. Pero esta vez la pregunta era distinta:
¿Qué obras me representan cuando dejo de pensar en lo que “debería” tocar?
¿Cómo muestro al mundo “mis rincones interiores” en forma de música?
Esas preguntas me llevaron a un lugar más vulnerable. Elegir las obras de Fly with me fue un ejercicio de honestidad.
El mapa emocional del disco
El álbum se abre con la música de Juan Erena, un compositor que lleva años acompañándome, amigo, y con el que ya había trabajado en proyectos anteriores. Su lenguaje, descriptivo y lleno de fantasía, me recordó la mirada de la niña que descubría la guitarra por primera vez. Justo después llega la pieza que me inspiró para dar nombre al disco, Let it fly, una invitación directa a dejar soltar, y a volar tan alto como quiera.
La fuerza y el impulso de la juventud aparecen con Eduardo Martín, cuya escritura rítmica e intuitiva me conecta con el momento en que mi carrera profesional empieza a despegar con toda su energía de juventud.
En el centro del disco habitan las Quatre Bagatelles en forme de Suite Cosmique de Marco Smaili, una obra de una belleza vertical y reflexiva que invita a quedarse, a escuchar varias veces y a descubrir nuevas capas. Es quizá el momento más contemplativo del recorrido.
Hay también un espacio para la infancia y la memoria a través de la música de la Canadiense Dale Kavanagh, y el disco se cierra con Simone Iannarelli, como si el viaje terminara mirando hacia un horizonte más amplio y sereno.
Otras compositoras presentes en el álbum, como Clarice Assad, completan este paisaje sonoro que no pretende ser exhaustivo, sino profundamente personal. Compositora brasileña-estadounidense, hija de Sergio Assad, tiene un lenguaje que mezcla: influencias del romanticismo, elementos del jazz y el folclore brasileño.
En Lullaby (como broche final) esa mezcla se traduce en una pieza de carácter íntimo, cálido y contemplativo. No es una obra virtuosa ni dramática, sino una especie de canción de cuna sonora: delicada, envolvente y profundamente agradable.
Lo que aprendí al mirarme a través de la guitarra
Grabar un autorretrato obliga a una honestidad que a veces resulta incómoda.
Te obliga a decidir qué partes de ti quieres mostrar y cuáles, por ahora, prefieres dejar en la sombra. Te obliga a dejarte llevar mostrando tu lado más vulnerable.
En el proceso de Fly with me comprendí algo que ya había empezado a intuir en el escenario: la música más poderosa no siempre es la más impecable. A veces es la más verdadera. La que deja respirar las grietas. La que no pretende salvar al mundo, sino simplemente estar presente.
Este disco no pretende ser un resumen de mi carrera. Es más bien un punto de llegada y, al mismo tiempo, un punto de partida. Una forma de decir: esto es lo que suena dentro de mí en este momento de mi vida.
Una invitación abierta
Si escuchas Fly with me, no te pido que lo valores solo como un trabajo discográfico. Te invito a escucharlo como se mira un autorretrato: con curiosidad, con paciencia y, si es posible, con generosidad.
Hay cosas que solo se pueden decir con la guitarra.
Y hay cosas que, al decirlas, te cambian.
Este disco es una de ellas.
¿Has sentido alguna vez que un trabajo artístico te ha devuelto una imagen más honesta de ti mismo/a? Me encantará leerte en los comentarios.


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